Dermatitis atópica

Dermatitis atópica

    

Es un trastorno cutáneo prolongado, que cursa con erupciones, prurito (picor) y descamación (eccema).

La piel con atopia está alterada, no realiza adecuadamente su función de barrera protectora.
Por un lado permite la entrada de infecciones, alérgenos y sustancias irritantes que hay en el medio ambiente; por otro lado, no evita la salida de agua produciendo una piel seca que causa más picor.

La dermatitis atópica es común en bebés, puede comenzar a los pocos meses de vida; en algunos casos se supera y otras veces permanece en la vida adulta.

Aproximadamente un 10% de la población adulta padece dermatitis atópica.

Hay factores que pueden empeorar la dermatitis atópica, tales como:

·         Alergias, al polen, a los ácaros del polvo o los animales que se encuentran en el ambiente.

·         Resfriados, gripe o el aire seco en el invierno.

·         Contacto con materiales irritantes y químicos, perfumes o tintes agregados a las lociones o jabones para la piel, contacto con materiales ásperos (lana).

·         Piel reseca, humedad continua (por duchas frecuentes, natación o sudor). Cambios bruscos de temperatura, por enfriamientos o sudoración.

·         Estrés emocional.

La prevención es un pilar fundamental en el tratamiento de la dermatitis atópica.  Al tener la piel seca, se debe evitar dañar y deshidratar aún más su barrera cutánea (ya lesionada de base), por lo que una correcta higiene es muy importante.
Por ello, la hidratación y la restauración de la barrera cutánea mediante emolientes es un paso muy importante tanto en el tratamiento de brotes agudos como para su prevención.

Baños cortos, enjabonados no excesivos con geles específicos para atopia y una correcta hidratación post ducha.

La aplicación de la crema emoliente es recomendable después del baño, con la piel un poco húmeda,  porque así facilitamos su absorción. Los mejores emolientes son los que simulan la composición de los lípidos naturales de la piel, compuestos por ceramidas, colesterol, ácidos grasos esenciales y glicerol así como la urea, que tiene un efecto reparador de la función barrera y aumenta la defensa antimicrobiana.

Hay que tener en cuenta que el rascado de la piel lesiona la barrera cutánea de por sí ya dañada, perpetuando el brote y dejando la piel más susceptible a posibles infecciones y alergias.

 

 


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